Sobre mi
Nací en un pueblo rural de menos de 6.000 habitantes, en una familia donde la educación no era el eje central ni se hablaba de “proyecto de vida”. Mis padres me dieron algo igual de valioso: apoyo, amor y valores, pero ni en casa ni en mi entorno había un mapa claro sobre qué hacer con el futuro.
Como muchos jóvenes, crecí sin una visión definida. Casi nadie en mi círculo de amigos tenía claro “qué quería ser de mayor”. Yo mismo acabé en un trabajo que no me gustaba, mirando por la ventana y envidiando a la gente que veía con traje y corbata, con horarios flexibles y vidas que imaginaba más libres que la mía.
En 2012 tomé una decisión que lo cambió todo: dejar de quejarme y empezar a construir mi propio camino.
Ahí empezó una etapa intensa de prueba y aprendizaje:

En 2016 llegó un punto de inflexión: la Embajada de Estados Unidos me seleccionó para representar a España en un programa de jóvenes emprendedores europeos llamado YTILI. Esa experiencia me abrió los ojos. Entendí la falta de visión que había tenido durante años y lo que significa contar con modelos, referentes y oportunidades a tiempo.
Ya en Estados Unidos, la vida me obligó a buscarme la manera de sostenerme económicamente. Empecé dando charlas y clases de español en el Centro educativo para adultos en Cambridge, donde tuve la oportunidad tener contacto con el área de Harvard y MIT. Después de eso llegaron nuevas oportunidades:
Tuve que reinventarme otra vez. Lancé un proyecto de emprendimiento ligado a la tecnología y me di cuenta de algo incómodo: estaba obsoleto. No conocía bien un mundo que ya era presente y futuro, así que decidí aprender desde dentro. Busqué trabajo en tecnología, en el mercado de Norteamérica, también para mejorar mi inglés y mi visión global.
Tras un año y medio, di el salto dentro de la misma industria hacia el mercado LATAM, porque ahí veía más crecimiento profesional. Y así fue: casi dos años trabajando con Latinoamérica y, más tarde, asumiendo también responsabilidad sobre Europa.
Hoy, después de esa vuelta larga por el mundo, he regresado a Galicia con una idea muy clara:
devolver parte de todo lo que he aprendido y vivido.
Quiero aportar mi grano de arena a los jóvenes de hoy, especialmente los que vienen de contextos similares al mío, tengan algo que yo no tuve: referentes, herramientas, acompañamiento y una visión más amplia de lo que pueden llegar a ser.
Ese es el sentido de lo que hago ahora, aunar mi experiencia profesional y personal para ayudar a personas, equipos y centros educativos a proyectar y construir un futuro mejor, con propósito y resultados reales.
A lo largo de todo este recorrido, entendí que cada paso, acierto o error, fue parte esencial de mi formación personal y profesional.
Nada de lo vivido fue casualidad: cada experiencia me enseñó que el verdadero crecimiento comienza cuando uno se decide a dar el primer paso, incluso sin saber exactamente hacia dónde va.
Creo que cada historia tiene el poder de inspirar a otra. La mía comenzó con un pequeño paso y muchas dudas, pero con la certeza de no querer quejarme más y no hacer nada para cambiarlo.
Y si algo de mi historia te resuena, tal vez sea momento de empezar a escribir la tuya...
